Abrir las grandes alamedas

Tomás Moulian

Los casi mil días de gobierno de la Unidad Popular en Chile son recordados como una «fiesta» por quienes los vivieron. Recuperar esa memoria, nos dice Tomás Moulian, sociólogo y testigo de primera mano de aquellos años, «es fundamental para cumplir la profecía de Salvador Allende y abrir, por fin, las grandes alamedas».

Still from the three-part 1975-1976 documentary The Battle of Chile.


El primer acto masivo para recordar el gobierno de la Unidad Popular y rendir homenaje a las víctimas de la dictadura militar se realizó en Chile el 11 de septiembre de 1989 y reunió a más de cinco mil personas en la tumba sin lápida de Salvador Allende que estaba en Viña del Mar. Esta conmemoración popular sucedía al mismo tiempo en que el dictador Augusto Pinochet celebraba el último año de su dictadura advirtiendo, a través de cadena nacional, que la «lucha contra el marxismo debía seguir».

Desde esta fecha, y cada año, se realiza en Santiago una multitudinaria marcha que transita desde el centro de la ciudad hasta el Cementerio General, lugar en donde se realiza un acto en el memorial de Detenidxs Desaparecidxs y Ejecutadxs Políticxs. En el año 2005 surgió la propuesta de invertir la ruta de esta manifestación: iniciar en el cementerio y terminar en el Palacio de la Moneda.

El deseo detrás de la iniciativa consistía en interrumpir una forma de memoria, a menudo propia de la izquierda, de rasgos mortuorios. Se buscaba demostrar, en una acción concreta, que aquel homenaje al pasado se hacía con la mira puesta en el futuro. Tras la inversión del recorrido se condensaba una idea: la necesidad de elaborar un proyecto político por fuera de los márgenes del pacto que simuló el advenimiento de la justicia y la democracia en 1990.

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