¿A dónde va México?
Puede que el gobierno de López Obrador no se proponga una ruptura con la burguesía. Pero de ninguna manera representa lo mismo que el PRI o el PAN, y sus políticas enfrentan a una buena parte de las clases dominantes.

Andrés Manuel López Obrador. (Hector Vivas / Getty Images)
El huracán electoral que barrió el dominio hegemónico de los dos principales partidos burgueses — el Revolucionario Institucional (PRI) y el de Acción Nacional (PAN) — en la elección presidencial de julio de 2018 produjo una polarización política entre el nuevo gobierno y los partidos del viejo régimen que no se ha disipado. Por el contrario, está recobrando renovado ímpetu con el proceso penal establecido en contra de Emilio Lozoya Austin, pieza importante y muy cercana del anterior presidente Enrique Peña Nieto, acusado de lavado de dinero, cohecho y fraude. La disputa entre el presidente Andrés Manuel López Obrador y el viejo régimen ahora va más allá del terreno electoral y apunta a una confrontación que puede derivar en la consolidación de un nuevo tipo de régimen capitalista.
Es necesario recordar que en el proceso electoral de 2018 se repitieron los mismos mecanismos de fraude, compra de votos y asesinato de decenas de candidatos que impidieron el triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988 y de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en 2006, pero fracasaron ahora ante el abrumador descontento con la corrupción, el autoritarismo y la miseria generada por más de treinta años de neoliberalismo. Este descontento le otorgó más de 30 millones de votos al candidato triunfante: el 53% del total.
No se trató, como opina un sector de la izquierda mexicana, de una maniobra palaciega para que todo siguiera igual, sino de un enorme impulso popular que, de no haber respetado el resultado en las urnas, hubiera provocado una protesta de consecuencias imprevisibles. López Obrador no era el candidato de la oligarquía clasista y racista — que siempre lo ha visto como un incómodo advenedizo — sino un sapo que se tuvo que tragar para evitar un mal mayor. Ante la evidencia de que el régimen autoritario y semidictatoral del PRI-PAN estaba agonizando, hubo un sector oligárquico — encabezado por Alfonso Romo y, en menor medida, por Carlos Slim (Grupo CARSO), Salinas Pliego (TV Azteca) y Emilio Azcárraga (Televisa) — que optó por otorgarle un discreto apoyo, a diferencia de un sector mayoritario que decidió confrontarlo.